Existen animales buenos y existen animales malos, eso lo sabe hasta un niño/a.
Uno ve a un lobo, a un tiburón, a una araña, y sin siquiera acercarse a oler su aliento sabe que está en presencia de un animal malo.
Entre las especies de animales buenos tenemos al bambi, a los koalas y a las marmotas, sin ir más lejos.
Pero existe una especie que se hace la buena, y es un monumental fraude; es la demostración de que, con una gigantesca campaña de marketing, se puede convencer a la población mundial de cualquier cosa; sólo es cuestión de estrategia y costo.
Y nos referimos a la especie con mayor maldad en el mundo (contando en kilos).
Sí señores, ustedes ya lo sospechan, estamos hablando de las ballenas.
Las ballenas son los animales más malos del mundo, porque además de los hechos que lo prueban, ellas se victimizan arteramente, jugando con el sano sentimentalismo primate de nuestra raza.
Para empezar, denostan a esa estirpe milenaria, austera, monocroma, tan visualmente estética, envueltos en sus negros y brillantes indumentos plásticos, y nos estamos refiriendo, señores, a ese caballero de los mares, que es el ballenero japonés.
Estos científicos, aún acosados por la sed de Conocimiento, enfrentan éticamente a estas moles, con la sola arma de un pequeño arpón explosivo.
Visualícenlo en sus mentes, por un lado, un guerrero de la ciencia, de 60 kg máximo; agreguenlé 15 kg de su noble arma y estamos hablando de 75 kg; ¿Contra cuántos kilos de estas gigantes inteligentes? ¿140.000 kilos? ¿150.000 kilos?
¡Un diferencia en más de 2000 veces que la que mediaba entre el pequeño David y el gigantesco Goliat!
Y como si esto fuera poco, estos seres indeseables usan su inteligencia para idear rituales casi satánicos, reñidos con la moral: es sabido que conciben a sus crías en prácticas lujuriosas en las que participan hasta tres machos por cada hembra, y permítanme no ahondar en este tema.
Qué más podemos decir para no explayarnos demasiado, que empujan a sus crías al trabajo infantil, dejando que miles de turistas las acosen fotográficamente cuál impúdico reality; o se exhiben en desmesurados saltos, sólo por la soberbia de alardear; y luego, como para demostrar su mala educación, ante la solicitud de un retrato fotográfico ¿Qué hacen ellas? muestran su trasero como si fuera una gracia.
Pero esto no es lo peor, y vamos a decirlo de una vez: La ballena día a día asesina a millones de seres, a los que podríamos bautizar como “Los más buenos del mundo”.
Y nos estamos refiriendo al genocidio del krill.
El krill es un pequeño y simpático crustáceo, algo así como el pariente algo tontín y discriminado del cangrejo.
¿A qué se dedica el krill? Básicamente a no hacerle mal a nadie, flotan por millones al ritmo de las mareas; y ellos allí, conversando sobre el tiempo, compartiendo la buena onda de estar juntitos, nunca un sí ni un no, moviéndose en masa a la deriva , mirando cada uno para su lado, tan buenos…tan…humanos.
Hasta que llegan ellas…
(En este punto al conferencista A.S se le quebró la voz, ni siquiera pudo terminar con un “Buenas Noches”)